En un tiempo donde la manipulación del discurso se ha convertido en herramienta común, elijo volver al Tao. Al principio del wuwei, que enseña a actuar sin forzar, y a dejar que los hechos, no las palabras, hablen por nosotros. En la vida, y más aún en el arte marcial, la coherencia de las acciones vale más que mil discursos.
