Cuando comenzamos la práctica del Taijiquan, el Qigong o el Daoyin es frecuente escuchar una indicación: «lleva la atención al Dantian» o «muévete desde el Dantian». Para quien se acerca a estas disciplinas, lo primero es intentar localizarlo físicamente, normalmente en la zona inferior del abdomen o como solemos decir de manera más sencilla «debajo del ombligo». Es una referencia necesaria, pero quedarse ahí significa comprender solo una pequeña parte de lo que representa el Dantian dentro de las prácticas tradicionales chinas.

Dantian (丹田) significa literalmente «campo de cinabrio» o «campo del elixir». El término procede de las antiguas prácticas taoístas de cultivo y alquimia interna y, podemos encontrar 3 Dantian en el cuerpo. En las artes marciales internas y en buena parte del Qigong, cuando hablamos simplemente del Dantian solemos referirnos al Dantian inferior (下丹田, Xia Dantian), situado en la región inferior del abdomen.

Sin embargo, desde el punto de vista de la práctica, resulta más útil comenzar a entenderlo como una región funcional que como un pequeño punto que podemos señalar exactamente con un dedo.

Del punto al centro.

En las primeras etapas del aprendizaje utilizamos referencias corporales sencillas porque necesitamos aprender a reconocer nuestro propio cuerpo. Dirigir la atención hacia la zona inferior del abdomen ayuda a abandonar una forma de movimiento excesivamente dominada por los hombros, los brazos y la parte superior del cuerpo. Sin embargo, con el tiempo, el trabajo se vuelve más preciso.

El Dantian comienza a actuar como una referencia para organizar la postura, la respiración, la intención y el movimiento. Esto resulta especialmente importante en las artes marciales internas de Wudang, donde buscamos que las diferentes partes del cuerpo no actúen de manera aislada.

Si al realizar una técnica el brazo se mueve por un lado, la cintura por otro y las piernas simplemente nos mantienen en pie, existe movimiento, pero todavía falta integración. El objetivo es diferente: todo el cuerpo participa en una misma acción.

Por eso, cuando un instructor dice «no muevas solamente el brazo, muévelo desde el Dantian», no está proponiendo una idea abstracta, está corrigiendo una determinada manera de utilizar el cuerpo.

Dantian, cintura y Kua.

Mover desde el Dantian no significa contraer el abdomen ni girar voluntariamente el vientre. Es decir, la región central trabaja en relación con la cintura, la pelvis, los Kua (胯), la columna y las piernas. Cuando esta coordinación comienza a desarrollarse, un pequeño cambio en el centro puede transmitirse hacia el resto del cuerpo.

Una rotación ya no nace únicamente del hombro. Una técnica de mano deja de depender exclusivamente del brazo, un cambio de dirección no consiste simplemente en colocar los pies en otro lugar. Así, el cuerpo empieza a comportarse como una unidad.

Esto también explica por qué el trabajo de piernas es inseparable del Dantian. La fuerza que utilizamos en una técnica no debería quedar aislada en la extremidad que aparentemente la ejecuta. El apoyo en el suelo, las piernas, los Kua, la zona central, la espalda y finalmente el brazo o la mano forman parte de una misma cadena. Así, cuanto mayor sea la coordinación entre estas partes, menor será la necesidad de recurrir a tensiones musculares innecesarias.

Respiración y atención.

El Dantian también ocupa un lugar fundamental en muchas prácticas de Qigong y Daoyin.

La respiración abdominal natural permite que el movimiento respiratorio se perciba especialmente en la región inferior del tronco. Pero tampoco deberíamos confundir el Dantian con el simple hecho de «sacar y meter barriga».

Forzar la respiración, endurecer el abdomen o intentar manipular desde el primer día sensaciones internas que todavía no conocemos suele producir precisamente lo contrario de lo que buscamos. Así que primero aprendemos a respirar con naturalidad, a relajar tensiones innecesarias y a percibirnos (propiocepción).

La atención tiene aquí un papel fundamental. Tradicionalmente lo conocemo con el concepto de Yi (意), que podemos considerarlo como intención o atención consciente. Es decir, allí donde dirigimos nuestra intención cambia también nuestra manera de organizar el cuerpo.

Por eso permanecer de pie, respirar y mantener tranquilamente la atención en el Dantian puede parecer desde fuera que consiste en «no hacer nada». Sin embargo, estamos educando algo esencial: la capacidad de mantener la mente y el cuerpo reunidos en una misma acción.

Del Dantian al movimiento.

En el Taijiquan esta idea se materializa en una acción claramente marcial. Cuando el centro cambia, el resto del cuerpo responde, cuando el peso se transforma de lleno a vacío, cuando avanzamos, retrocedemos, neutralizamos una fuerza o emitimos potencia, el movimiento debe conservar esa relación entre el centro y las extremidades.

Al principio los movimientos suelen ser grandes y evidentes, necesitamos ver y sentir qué estamos haciendo. Con los años, la acción del centro puede hacerse progresivamente más pequeña y menos visible sin dejar de producir efectos en las extremidades.

Esta es una de las razones por las que observar la ejecución de un practicante experimentado puede resultar engañoso. Desde fuera parece que apenas sucede nada. Internamente, sin embargo, existe una organización precisa de apoyos, articulaciones, dirección e intención.

El movimiento exterior es solamente la parte visible.

Una idea que necesita práctica.

El Dantian pertenece a un lenguaje tradicional desarrollado durante siglos y relacionado con concepciones chinas del cuerpo, el cultivo interno y la práctica marcial. No es necesario convertirlo artificialmente en un concepto de anatomía occidental para darle valor, pero tampoco necesitamos envolverlo en explicaciones misteriosas.

Podemos comenzar por algo mucho más concreto. Cuando practicamos, observemos desde dónde nos movemos. ¿Levantamos el brazo utilizando únicamente el hombro? ¿Giramos solamente el tronco? ¿Las piernas acompañan realmente a las manos? ¿Podemos realizar el mismo movimiento utilizando menos tensión? ¿Existe continuidad desde nuestros apoyos hasta el punto donde aplicamos la técnica?

Estas preguntas empiezan a dar contenido práctico a una expresión que escucharemos muchas veces en las artes internas:

Moverse desde el Dantian.

Comprenderlo intelectualmente es relativamente sencillo, conseguir que el cuerpo lo haga de manera natural requiere años de práctica y pprecisamente ahí está la diferencia entre conocer una idea y haberla convertido realmente en Gongfu.